Presentación en Tenerife

March 24, 2018

El jueves 22 de marzo presentamos la novela "Toda la muerte para dormir" en Santa Cruz de Tenerife. El acto tuvo lugar en la librería La Isla, un establecimiento hermoso y acogedor regentado por Andrea y Marta, dos mujeres tan amables como eficientes, a quienes agradezco mucho su ayuda. Tuve el placer de ser presentado por Juan Carlos Santamarta, profesor de la Universidad de La Laguna y buen amigo, que me conoce desde hace ya muchos años, y por Sukeina Ndiaye, representante de la RASD en Tenerife y portavoz de la Mujer Saharaui en las Islas Canarias. A Sukeina no la conocía personalmente, pero me fui de Tenerife con la sensación de haber hecho una amiga para toda la vida. A pesar de que hace muchos años que conozco la realidad del Pueblo Saharaui,  lo cierto es que no dejo de sorprenderme por la honestidad y la fuerza que siempre transmiten sus mujeres, y esto me ha hecho recordar un pasaje del Capítulo 33 de la novela, en la que el protagonista afirma:

 

"Y mientras nosotros hacemos la guerra, ellas hacen todo lo demás. Me he referido en numerosas ocasiones a los héroes y mártires del frente de batalla –que Al-lah los acoja a su lado–, pero existen millares, centenares de miles de heroínas saharauis que desempeñan un papel cardinal en nuestra revolución. No me cabe duda de que son las más sensatas, valientes, leales y abnegadas mujeres que existen sobre la faz de la tierra. Madres, abuelas, hermanas que lo han perdido todo en una absurda y cruel guerra iniciada y peleada por hombres. Mujeres que levantan las jaimas, que ordeñan las camellas, que cocinan, que amamantan a sus hijos y a los de las vecinas cuyos pechos se hayan secado por las penurias de la guerra o por la desnutrición o por cualquier otra causa que pueda agotar el blanco caudal que alimenta a las criaturas. Mujeres que atienden a los enfermos y curan a los heridos de guerra, que limpian las inmundicias de los viejos e impedidos que ya no consiguen valerse por ellos mismos, que dan de beber al ganado, que hacen el amor con sus maridos cuando estos disfrutan de los exiguos permisos para el descanso, que se embarazan y que gestan a sus futuros hijos sin dejar de atender todas las demás obligaciones. Que alumbran con dolor a sus criaturas y que ven cómo pierden a muchas de ellas, antes, durante y después del parto, por accidentes, por el cólera, por la hepatitis, por las fiebres, por pura debilidad, por la falta de medicinas adecuadas o porque, quizá, así estuviera escrito en los inescrutables designios del Sumo Hacedor, que tantas veces escapan del entendimiento de las insignificantes mentalidades de sus siervos pecadores. Mujeres que hacen todo lo necesario para mantener la vida mientras nosotros nos afanamos en las tareas de la muerte."

 

Valga este texto como pequeño homenaje a Sukeina Ndiaye y a todas las demás mujeres saharauis que, como ella, trabajan duramente para mantener viva la esperanza de que, algún día,  llegará la justicia para su maltratado pueblo. In Shal-la.

 

Unas veinte personas más, muchas de ellas de origen saharaui, decidieron acompañarnos en la velada. Entre ellas Alberto Negrín, Presidente de la Asociación Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui,  la organización solidaria con la causa saharaui más antigua de España. Alberto fue una persona clave para poder organizar el evento.

 

Hubo momentos  muy emotivos, como cuando, después de que yo leyera un fragmento del capítulo de la novela en la que el protagonista describe el genocidio de Um Draiga, Hamdi Mansur, Delegado del Frente Polisario en las Islas Canarias, nos contó que él lo vivió en persona y, ante mi inseguridad por si acaso me había excedido con el dramatismo y la épica, nos aseguró que no, que el relato reflejaba muy bien lo que realmente sucedió, lo cual debo reconocer que me produjo una gran satisfacción y, aún más importante, un alivio para cierta mala conciencia que tenía en mi interior, por haberme atrevido a escribir sobre un acontecimiento tan trágico, que acabó con las vidas de miles de saharauis. La posibilidad de que mis veleidades literarias pudieran haber desvirtuado los hechos hasta el punto de molestar a los que realmente lo vivieron era algo que, debo reconocer, me intranquilizaba. Por eso fue tan importante para mi el comentario de Hamdi Mansur, y también por eso quiero dejar constancia de ello en este texto. 

¡Gracias!

 

 

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