Presentación en Poblenou (Barcelona)

April 13, 2018

 

Ayer presentamos la novela "Toda la muerte para dormir" en la librería Nollegiu, de Poblenou. Poblenou no sólo es mi pueblo; es mucho más que eso. Es mi lugar en el mundo (valga la frase como homenaje a aquella magnífica película de Adolfo Aristarain). Aquí convivo con mi familia, aquí crecen, juegan y aprenden mis hijos, aquí trabajo y aquí están los amigos que más frecuento. Aquí vivo, al fin y al cabo. Y también es aquí donde está mi librería favorita y mis libreros preferidos: La Nollegiu (La Juanita), Xavi, Laia y Oriol. 

 

Ayer fue un día especial. A primera hora de la mañana me encontré con la satisfacción de verme reflejado en la pizarra de la librería. Probablemente mucha gente no sepa lo que significa esa pizarra, pero para mi es un oráculo. Sí, eso es. Mi oráculo literario. En los últimos cuatro años, esa pizarra me ha permitido descubrir centenares de libros y de autores. Centenares -miles- de historias, poemas, fantasías y realidades (conocimientos al fin y al cabo). Quizá nunca, hasta hoy, me había dado cuenta de todo lo que le debo a esa pizarra.

 

 

Ayer me sentí orgulloso. Me presentó Elena Morilla, la editora que se fijó en mi novela, la que me envió uno de los e-mails más importantes que he recibido en mi vida. El e-mail que decía que les interesaba mi escrito. El e-mail que hizo que todo esto fuera al fin posible. Dialogué con dos amigos, José Miguel Tomasena y Xavier Vidal. Dos personas que leyeron el manuscrito de la novela y que me aportaron la confianza que necesitaba en aquel momento tan delicado. Ese momento que, imagino, también habrán vivido otros escritores novatos martirizados por sus inseguridades.  Dos tipos a los que admiro, y que dijeron cosas hermosas sobre la novela. Cosas que nunca olvidaré.

 

 

Ayer me sentí feliz. Presenté la novela frente a mis amigos y, lo que es más importante, frente a mis hijos y los amigos de mis hijos. Y ahora fantaseo con que quizá mis hijos, y los amigos de mis hijos, recuerden ese momento dentro de muchos años, y se me ocurre que pertenecer a los recuerdos de un niño es lo más parecido a la inmortalidad.  Quién sabe si era esto lo que realmente buscaba cuando decidí escribir la novela.

 

 

Ayer vino a la presentación una niña que se llama Romi, y me hizo uno de los regalos más bonitos que he recibido nunca.

 

 

Gracias Romi. Gracias amigos.

 

 

 

 

 

 

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